Desde 1993, Ciudad Juárez, México, ha sido el epicentro de una crisis de violencia de género extremadamente grave, conocida internacionalmente como "las muertas de Juárez". Se trata de un patrón sistemático de asesinatos de mujeres y niñas, caracterizado por la brutalidad sexual, la impunidad casi total y la inacción estatal
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Las víctimas, a menudo jóvenes trabajadoras de la industria maquiladora y de sectores vulnerables, han sido objeto de secuestro, tortura, violencia sexual y asesinato. Las investigaciones han estado marcadas por profundas deficiencias: negligencia, pérdida de evidencia, tortura de falsos culpables y una persistente cultura de misoginia y corrupción que ha permitido que la mayoría de los crímenes queden impunes
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La respuesta no ha sido solo la del dolor. Las madres y familiares de las víctimas, junto con organizaciones de la sociedad civil como "Nuestras Hijas de Regreso a Casa", han liderado una histórica lucha por la verdad y la justicia. Su activismo ha puesto el caso en la arena internacional y ha llevado a que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condene al Estado mexicano por su responsabilidad en los feminicidios, como en el emblemático caso "Campo Algodonero"
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A pesar de las sentencias y la atención global, la violencia persiste. Ciudad Juárez sigue siendo un territorio donde confluyen la delincuencia organizada, la impunidad y una estructura de violencia de género profundamente arraigada, convirtiéndolo en un símbolo trágico de la vulnerabilidad femenina y de la lucha por los derechos humanos en el mundo.

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